Los 7 pecados capitales (2ª Parte)


ÁNGEL MESA
LA   SOBERBIA

Dice el diccionario que la soberbia es un apetito desordenado de ser preferido a otros.
Parece ser que este pecado es más antiguo que la humanidad, pues ya Lucifer pecó de ella queriendo ser más que Dios, a partir de ahí lo mandaron al infierno, eso sí, de jefe, y con derecho a escapaditas para engañar a Adán y Eva, y ahora a nosotros.
  Adán y Eva pecaron de lo mismo al desobedecer la ley de Dios. A partir de ahí a Adán lo pusieron a trabajar para ganarse el pan y a Eva a parir con dolor a sus descendientes, eso sí, solo hasta que se inventaron las pensiones y la epidural.
¡Buff esto me pasa por haber interpretado literalmente!
Evagrio Pontico inicialmente dividió la soberbia en dos clases, la vanagloria, que es un exceso de vanidad y necesita de los demás para que le digan lo maravilloso que es, y el orgullo, que no necesita a nadie y es un pecado de autosuficiencia.
Proclama la Iglesia que la virtud que se opone a la soberbia es la humildad, por tanto, es una característica a buscar en el mayor de los grados, pero paradójicamente ¿es humilde querer ser el más humilde?
Peter Binsfeld nos dice que la soberbia la induce Lucifer. Y el resto de religiosos nos dicen que la soberbia es pecado
Si yo os digo que soy tan importante que quiero salir bajo palio, estaría pecando de soberbia verdad? Pues los obispos salen bajo palio.
Si yo os digo que por la dignidad de mi trabajo me tenéis que llevar montado en un trono transportado por hombres, soy soberbio ¿verdad? Pues esto han hecho todos los papas hasta que se inventó el papamóvil.
Si yo os digo que hay que construir grandes iglesias, catedrales y templos para ir adorar a Dios, cuando Jesús aprovechaba cualquier parte, estoy sabiendo más que Jesús y por tanto soy soberbio. Esto lo hacen los religiosos ¿no?
Si Jesús vestía una simple túnica e iba en un borriquillo o andando, y yo os digo que la imagen suya que adoro, tiene que estar vestida de oro y piedras preciosas, montada en un trono de oro, ¿soy soberbio? Esto lo dicen religiosos y cofradías ¿no?
Si yo os pido dinero en nombre de Dios, pero en realidad me lo gasto en vehículos de lujo, grandes mansiones o en un jet privado, soy soberbio y además ladrón ¿no? Pues esto lo hacen muchos pastores, incluso sin ser telepredicadores.
Si os digo que lo más importante de vuestra existencia y deber principal es amarme a mí sobre todas las cosas, ¿sería soberbio y vanidoso? Esto dicen que manda Dios, y que es su primer mandamiento.
¿Están todos los anteriores inducidos por Lucifer?, algunos a lo mejor, ¡Dios imposible!
No parece que estén los religiosos muy autorizados hablar a los demás del pecado de la soberbia.
Pues quizá nos estén colando algún gol.
El sentir orgullo de tus hijos, de tu trabajo, de la casa o el coche que has comprado, de la familia de la que vienes, son formas de compararse con el resto en aspectos en los que crees que eres superior, luego son muestras de un desequilibrio afectivo, tratan de compensar una profunda inseguridad y buscan la aprobación o el reconocimiento de los demás, si no te lo dan, llegas a la situación donde solo importa uno y lo de uno, el narcisismo.
La soberbia ha sido cambiante a través de las épocas, en gran parte del siglo XIX era motivo de orgullo estar gordo, y cuanto más mejor, pues era síntoma de tener grandes recursos económicos. Ahora nadie quiere estar gordo y a mucha gente hasta le da vergüenza.
Estar bronceado a lo largo de la historia era síntoma de que eras pobre y trabajabas al sol, ahora es síntoma de que tienes tiempo y medios para ir a broncearte.
Llevar la ropa rota ha sido siempre síntoma de miseria, ahora es indicativo de ir a la moda, y encima cuesta más dinero comprarla.
Tener una vajilla en un tiempo fue un lujo de reyes, ahora mucha gente opta por platos de papel o plástico por el lujo de no lavarlos.
Pero independientemente de la forma en la que se exprese en cada época la soberbia, está anclada en el ADN del humano. Se han hecho experimentos estudiando el origen y evolución del comportamiento humano con simios en la universidad de Yale, en los que muestran conductas de soberbia.
Psicólogos estadounidenses han estudiado que hay dos tipos de orgullo, uno conduce al éxito y el otro al fracaso.
 Al primero lo llaman orgullo autentico y esta relacionado con la productividad, la confianza y el éxito, al segundo lo llaman el orgullo Ubrish, y está relacionado con la arrogancia, el egoísmo y la presunción. El primero es beneficioso y el segundo una conducta tóxica que conduce al engaño, aunque haya veces que no se puede distinguir lo uno de lo otro.
En los últimos tiempos la soberbia no solo es aceptada, sino que se anima a ella, se anima a tener los perfumes más caros, mejor casa, mejor coche, mejor ropa, mejor zona donde vivir, a meter a los niños en los colegios mas exclusivos, ir a los mejores médicos, lo lujoso y lo caro es lo mejor, ¿que son sino las marcas?, la gente cambia de televisión por que tiene unas pulgadas más, de móvil porque tiene un megapixel más, aunque sea inapreciable al ojo humano, de restaurante porque el cheff es más famoso, aunque la comida la sigan haciendo los  ayudantes del anterior, hay que verse con mejores cosas que el resto para demostrarse a uno mismo que se es mejor que el resto, y con esta filosofía se estimula a ser un ganador o un fracasado, es soberbia, pero esta característica animal  es uno de los motores de la sociedad y economía humanas y una de las palancas de su evolución.
LA GULA

Dice el diccionario que la gula es un apetito excesivo con la comida o con la bebida.
Este pecado es mas antiguo que las religiones, sencillamente porque el hombre no siempre ha tenido nevera ni supermercado, y alternaba ciclos de abundancia con ciclos de hambre, comía lo que encontraba, lo que cazaba y lo que recolectaba, y comía tanto como podía, pues la acumulación de grasa era clave para subsistir en los ciclos de hambre.
En la tradición grecoromana había un culto al cuerpo, solo hay que ver estatuas y pinturas de la época, la expansión del imperio trajo numerosas comidas y bebidas nuevas, los aristócratas acudían frecuentemente a banquetes donde comían y bebían hasta sus límites, provocándose después el vomito para poder seguir comiendo y bebiendo. Esto lejos de ser considerado una cerdada, se veía tan normal que incluso se disponía a una serie de esclavos para limpiar los vómitos, ¡y tan normal, a seguir comiendo y bebiendo!
Según la creencia cristiana, la gula es un pecado contra nuestro propio cuerpo, que es templo de Dios, se decía que en esos banquetes se servia en bandeja de plata a Satanás, pero si hablaban de Satanás ¿quién lo decía? pues los cristianos, a lo mejor los mismos esclavos cristianos que limpiaban los vómitos.  Y surgió el pecado de la gula como critica al hedonismo romano.
San Agustín predicó la abstinencia en todas sus formas y por tanto el disfrutar de la comida pasó a ser pecado.
 Tanto es así, que San Francisco recomendaba espolvorear la comida con ceniza para no disfrutarla, San Benito establece unas reglas sobre el uso de la comida y la bebida en los monasterios, pero los monasterios encontraron la forma de saltarse la regla, haciendo una habitación aparte que llamaron misericordium.
El demonio que induce a la gula es Belcebú, y la virtud que se le opone es la templanza.
Tanta templanza tuvieron Clara de Asís y Verónica, que se dejaron morir de hambre por ser mas virtuosas ante Dios, y lo mismo le pasó a Santa Catalina de Siena, que se provocaba vómitos con una ramita hasta que también murió, a este fenómeno lo llaman los teólogos anorexia santa, los médicos lo llaman solo anorexia.
Los puritanos consiguieron por ley en Masachussetts prohibir la navidad en evitación de la glotonería.
Los judíos lo ven de otra manera y dicen que hay que bendecir los alimentos y hasta tienen distintas bendiciones según qué coman, para ellos solo hay pecado si el deseo te hace esclavo de la comida o si estas dejando sin comer a otro.
En el islam se manda comer saludablemente y sin excesos e impone ayuno en Ramadán como método de autocontrol.
En otras regiones del planeta las religiones se callan, pues el problema no es comer o beber mucho, el problema es que se come y se bebe muy poco, y no por ser más virtuosos ni santos anoréxicos.
Estamos programados para sentirnos atraídos por los alimentos más caloríficos, esto se demuestra en como responden las áreas cerebrales cuando se le enseña un alimento rico en proteínas, y como responden cuando se le enseña uno hipocalórico.
Dicen los científicos modernos lo contrario de los religiosos antiguos, que la gula no es pecado sino que hay un gen que predispone a la gula a algunos sectores de población, le llaman gen ahorrativo, y es debido a las épocas de hambre que pasaron nuestros antepasados en las épocas de carencia, la hormona lectina, que tiene como función acumular grasa, estaría relacionada con este gen, la falta de lectina no te deja controlar la glotonería, por tanto la gula se debe a la falta de lectina y no a la sobra de Belcebú.
En la gula estamos enfrentando un instinto biológico a uno cognitivo, y no debemos preocuparnos por las llamas del infierno, sino por las enfermedades metabólicas, infartos y la poca ropa para gordos que hay en las tiendas.
LA ENVIDIA

Dice el diccionario que la envidia es la tristeza o pesar del bien ajeno, el deseo de algo que no se posee.
Tiene la envidia la característica de no querer ser reconocida por nadie, y dicen que tiene la misma edad que la humanidad, pues ya Caín mato a Abel por envidia, pero es mentira, la envidia es más antigua que el humano, los simios ya tenían envidia, como demuestran experimentos de laboratorio tendentes a estudiar la evolución del comportamiento humano, en concreto con monos capuchinos. Os cuento. Se acostumbra a un grupo de capuchinos a darles pepinos como recompensa, mientras a todos se les da pepino todo esta bien, llega el momento en que a uno se le da pepino como recompensa y a otro se le da una sola uva. Cuando de nuevo al primero se le vuelve a dar pepino de recompensa, le tira el pepino a la cabeza al investigador y se muestra agresivo con el de la uva. Esta claro que los simios ya sienten envidia. Estos estudios se hicieron en el Yerki Institut de Atlanta. Y luego se extendieron a perros, pájaros y otras especies con resultados similares.
Se han encontrado a principios de este siglo indicios de donde se aloja la envidia en el cerebro humano mediante la neurología aplicada, y la encontraron en un área primitiva que se ocupa de la recompensa, constituyendo por tanto una característica biológica humana.
Curioso el experimento que se llevó a cabo en la Universidad de Harvard y La de Miami, le hicieron a 250 personas la misma pregunta. ¿qué prefieres, ganar 50.000 dólares al año y que los demás ganen 25.000 o ganar 100.000 y los demás 200.000, curiosamente mas de la mitad querían ganar 50.000 si esto constituía ganar el doble que los demás.
En otro experimento se le esconden a dos simios en dos recintos iguales nueces, solo que a uno se le esconden 5 y a otro 3, cuando el de tres se da cuenta que el otro tiene 5, trata por todos los medios de conseguir otras dos, de este modo se demuestra que los individuos tratan de conseguir más beneficios de su entorno y que la envidia puede ser un rasgo positivo, el querer lo que tienen los demás  te puede llevar a trabajar más para conseguirlo, para progresar hay que desear y también envidiar, y si todo el mundo estuviese contento con lo que tiene, esto no sería así.
Al igual que la soberbia es un motor de la economía actual, la diferencia es que en la soberbia quieres lo mejor, y en la envidia quieres lo de otro, odias al otro por tener lo que tú no tienes.
Freud consideraba que en el complejo de Edipo se odia al padre por competencia por la madre, y que las niñas envidian tener pene, luego la psiquiatra Karen Harvey opuso a esta teoría la teoría del útero (los hombres envidiaban tener hijos) todo esto es muy polémico aun en la actualidad, otro caso de envidia es el complejo de príncipe destronado, en el que el hermano mayor odia al pequeño por creer que es mas querido, o el complejo de Caín, en el que el niño no solo odia al hermano sino que lo quiere eliminar. Todo esto nos puede dar una idea de lo arraigada que está la envidia en nuestro ADN. Hasta sin aprendizaje previo.
 En la actualidad, la envidia es promovida por la sociedad mediante la publicidad y el marketing, ya hace un siglo había un anuncio en el que se leía        “cuando consigues algo grande dejas boquiabierto a los demás” subliminalmente te están diciendo: “compra esto y serás envidiado”.  Los expertos en marketing de la actualidad saben de sobra donde están los puntos flacos del común de los mortales, y los bombardean mediante publicidad para aumentar las ventas, uno de estos puntos flacos es la envidia sin duda.
Como veis, la envidia, cuando es moderada y controlada, es una característica de nuestra naturaleza, y cuando se expresa de forma descontrolada una patología mental.
No hace falta que nos la induzca Leviatán, que sería el demonio encargado, porque ya la llevamos dentro, y siendo su virtud opuesta la caridad, nos debe llevar a comprender que ante un envidioso no estamos ante un ser perverso, despreciable y condenado al infierno, sino ante un ser al que habría que ayudar a superar sus conflictos emocionales.
LA PEREZA
Dice el diccionario que la pereza es la falta de ganas o disposición para hacer las cosas.
Evagrio Pontico consideraba que en la pereza se daban dos pecados: Acedía y Tristeza,
La acedía no se corresponde con el significado de hoy de pereza, corresponde mejor al estado de melancolía o apatía.
Hipócrates decía que era un desequilibrio de los 4 humores fisiológicos, en concreto de la bilis negra, pero que se podía curar.
Galeno, en cambio, decía que se debía a no liberar los fluidos sexuales, la solución la tenia en ayudar a los pacientes a liberarlos, “ya no se yo como lo haría”.
El cristianismo creía que era una enfermedad del alma por haber entrado en desgracia con Dios, la depresión era curada con sangrías, enemas o vómitos y en el caso que fuese provocada por el demonio Belfegor pues con un exorcismo, estos exorcismos contra la pereza se siguen haciendo a día de hoy en algunas comunidades religiosas, un exponente famoso de estos exorcistas es el pastor Ben Larson de EE.UU. cuando lo vi dando explicaciones y trabajando en el documental que me he basado, me meaba de la risa, luego me indigne, bueno casi siempre me rio y me indigno con los exorcistas, no solo con él, es por el abuso de la ignorancia de la gente que me pasa, en fin este me pareció especial.
Desde antiguo le han querido buscar tratamiento desde buhoneros que vendían brebajes con ingredientes secretos que luego eran alcohol, hasta inventores que fabricaban todo tipo de aparatos eléctricos, como cinturones, hombreras, sombreros, corsés, etc., que generaban electricidad o agua radiactiva. Pero el culmen llegó con los tratamientos con glándulas, Ron Sacuar, que era profesor de Harvard en 1920 creo una emulsión de testículos de perro y cobaya que te inyectaba en el brazo y aseguraba que acababa con la pereza.
Pero la panacea la trajo un médico francés: Ser Berenof, que trasplantaba testículos de mono a hombres, eso servia para la pereza y la impotencia.
Pero el no va más lo trajo el Dr. John Bringley con los trasplantes de testículos de macho cabrío untados en ajo. 16.000 intervenciones. hasta que se lo hizo a un senador de Colorado que estuvo muy contento hasta que al poco se murió, y ya las autoridades sanitarias por fin vieron que ni era medico, ni le sobrevivía mucha gente, ni nada de nada.
A día de hoy la investigación se centra en la neurología, las personas que demuestran una pereza excesiva suelen ser victimas de depresión, actualmente se les eleva el nivel de serotonina, que es un neurotransmisor, aunque aún no se sabe porque es tan eficaz.
Se ha recurrido también en la Universidad de Emory (Atlanta) a someter a personas a experiencias tristes y estudiar sus cerebros mediante resonancias magnéticas, todas las imágenes apuntaron a una pequeña zona del cerebro, “tan pequeña que ni tiene nombre, la llaman área 25”. Han conseguido, estimulando esa región, que los monos lloren, y en las personas que no reaccionan al prozac o neuroquímicos más potentes, con un cablecito eléctrico en esa área, a modo de marcapasos, dosificando 5 miliamperios, consiguen bastante mejoría en uno de cada 4 pacientes.
(Continúa la semana siguiente...)